Confesiones de otoño

A lo largo de la vida, todos (o casi todos) experimentamos varios momentos de crisis de identidad: ¿Quiénes somos? ¿Qué hacemos con nuestra vida? ¿Cuál es nuestro propósito? ¿Tiene sentido lo que hacemos? ¿Estamos aportándole algo a la sociedad? ¿Nos sentimos plenos?

Estas preguntas llegan a nuestra mente a menudo y a veces logramos responderlas y otras no; pero tener ocupaciones y responsabilidades hace que no tengamos tiempo para mortificarnos por ellas.

Cuando se emigra, se vive un duelo del que casi no se habla (aunque cada vez se está haciendo más visible). Y es que partir es morir un poco. Irte de lo que consideras tu hogar, salirte de tu zona de confort, renunciar a planes y proyectos, dejar tu gente y tus costumbres, enfrentar lo desconocido, renunciar (así sea temporalmente) a tu oficio... Todo esto junto se convierte en una avalancha que amenaza tu cordura. 

Supongo que no todos experimentan eso. Yo pensé que a mí no me iba a pasar. Finalmente (creía), estoy aquí por voluntad propia, de alguna manera estoy viviendo el sueño europeo, mi hija tendrá un mejor futuro, mi esposo está feliz y lo que hace es muy valorado, tengo una especie de intercambio que nunca tuve y aprendo cosas que jamás hubiese aprendido de otra manera...

Sin embargo, llegar de cero es difícil y, quizá lo más difícil en mi caso (supongo que en el de muchos) es que como no consigues trabajo inmediatamente (nisiquiera sabes en qué vas a trabajar porque evidentemente no puedes ejercer tu profesión por ahora) tienes mucho tiempo libre. El silencio y la soledad que acompañan ese tiempo libre llegan acompañados de todas esas preguntas que mencioné inicialmente y, aunque te repitas a ti mismo: "Es normal, es parte del proceso, nadie dijo que fuera fácil, llevas sólo un mes, ten paciencia", tu mente acelerada y tu personalidad ansiosa hacen que quieras respuestas ya.

Las redes no ayudan mucho. Te pasas viendo la vida de gente "exitosa". Adolescentes que bailando todos los días han podido comprar mansiones y viajar con patrocinio, modelos que se visten con las mejores marcas sin pagar un peso, o, en nuestro medio, personas que tienen tu edad (o menos) y ya son especialistas (o están en camino  a serlo). Te sientes frustrado y eso te hace sentir peor porque te juzgas, por un lado, por no ser igual de "exitoso" y por otro, justamente por pensar que no lo eres. ¿Estás experimentando la envidia, acaso? ¿No nos dijeron que ese sentimiento estaba mal? Entonces te das más duro.

Pero es esperable. Ese duelo, sumado al tiempo libre para pensar y sobrepensar (rumiaciones, las llaman mis profes), terminan generándote un trastorno adaptativo (o de "ajuste", le decían mis profes en Medellín). Experimentas síntomas depresivos de libro. Nunca te habías sentido tan identificado con los ítems del DSM 5 (para los no médicos es como la biblia en psiquiatría): Ideas de minusvalía o inutilidad (crees que no eres bueno para nada), desesperanza (ves un futuro desolador), anhedonia (te es imposible experimentar placer), abulia (no tienes energía ni voluntad para hacer las cosas), hipersomnia o insomnio, inapetencia, tristeza, llanto fácil...

Y te desconoces. "Ey, ¡yo no soy así! ¿Qué pasó conmigo? ¡Este no es el fin del mundo!" Pues sí, querida, sí ha sido el fin de tu mundo. Has muerto un poco. Pero luego entiendes que la semilla tiene que morir para que nazca la plantita (me acordé de una canción re linda de la iglesia católica que dice: "Si la semilla de trigo no muere sola quedará, pero si muere, en abundancia dará, un fruto nuevo, que no morirá... Hay que morir, para vivir (...)").

Reconocer lo natural de este proceso y permitirte vivirlo a plenitud, sin darte duro es importante; pero a la vez no se puede perder de vista que no te puedes quedar ahí y te ayudas dejándote ayudar, escuchando experiencias de otros que han pasado por lo mismo, siguiendo las recomendaciones de los expertos, luchando contra tu voluntad, levantándote, bañándote, yendo al mercado, tomando el sol, trotando... Así no quieras, así no te nazca.

Sin duda, las palabras de aliento de la gente que te quiere son muy útiles. Una palabra bien dicha es un tesoro. No son la solución a todos los problemas de la vida, pero sentirte validado, percibir que te comprenden, que no estás solo, que nadie te juzga, que eso que tú crees que piensan de ti sólo está en tu cabeza y que en general las personas te aprecian y hasta te admiran (así consideres que no eres digno de admiración en lo absoluto), contribuye mucho a tu motivación. (Me entendiste bien si leíste esto como una invitación a seguir siendo soporte para los amigos que sabes que se están sintiendo mal).

Escribo esto por varias razones. La primera es por el simple placer que me produce escribir. La segunda es porque me resulta terapéutico sacar lo que siento, ponerle un rostro y un nombre a ese "enemigo"permite enfrentarlo con más fuerza. La tercera es porque sé que no soy la primera ni la última persona que se ha sentido así, de manera que si a ti te ha pasado, quiero que sepas que no estás solo y que es normal lo que te está pasando. La cuarta es para agradecer a todos mis amigos y familiares que no han dejado de escribirme preguntándome cómo estoy y poniéndose a mi disposición para escucharme y/o leerme. La quinta es para decirles que, así como en estas dos fotos y como dice Shakira (no se me antoja citar a alguien más erudito): "Cuando menos piensas, sale el sol".

Nunca en mi vida había experimentado de verdad síntomas depresivos. Vivirlo ahora me exhorta a decirles a los que viven con estos síntomas de manera mucho más intensa y permanente, que los entiendo, los admiro y los respeto. No es fácil, pero no están solos 🤍.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Aniversario papá

Gracias, señor 2022

Cada vez más cerca