De la amistad y otros demonios
Porque los amigos son demonios que vienen, nos hacen felices y luego se van. Entrar al jardín de infantes trae consigo ciertos traumas pasajeros. Aunque eso depende de la personalidad de cada niño, debo confesar que yo, por ejemplo, sufrí más de la cuenta el primer día. Hice un berrinche de esos detestables, me agarré como un tití de la pierna de mi mamá y lloré hasta que mis pulmones estuvieron a punto de colapsar. Uno hace amigos y las cosas cambian. Yo tengo una facilidad desmedida para recordar nombres. Recuerdo a Yessenia, Ligia, Lina, Érika… Mis primeras amigas de la guardería, que, junto con Laura, mi vecina, eran mi “círculo social” de la primera infancia. Ellas hicieron más familiar el ambiente, más llevadero el trauma. La gente no es para siempre (aunque hay unos pocos casos excepcionales), eso es algo que uno termina entendiendo, aunque duela. De esas amiguitas, sólo veo a una, de vez en cuando. Lo mismo pasa con los otros grupos sociales de los que uno ...