Había una vez un negocio inaceptable
Siempre he
pensado que hay un solo motivo para justificar el asesinato: La cadena
alimenticia. No se justifica el asesinato a humanos por una sencilla razón, y
es que no somos caníbales. Defender el asesinato de una especie indefensa (sí,
por más “bravos” que sean, los toros son indefensos, así como todos los
animales supuestamente menores en la escala evolutiva) por simple diversión, es
tan absurdo como defender el asesinato de bebés por conservación de la
reputación.
Comemos vacas,
peces, gallinas, pollos y cerdos, es cierto; pero no creo que a ninguna
persona, que haga conciencia de que lo que come en algún momento fue un ser
vivo al que se mató, le parezca divertido. Argumentar que “si tanto les duele,
dejen de comer carne también” es la excusa y defensa más cobarde que he
escuchado. Por un lado, la costumbre de alimentarse con carne es mucho más
milenaria que la fiesta brava misma, y por otro, suplementar los componentes
nutricionales que aporta la carne sólo con frutas y verduras, requeriría una
inversión monetaria altísima que las personas del común no pueden costear.
¿Hasta dónde
un crimen puede seguirse sustentando con la idea de un beneficio económico? ¿Hasta
dónde ver maltratado al punto de morir un animal es “arte” y “cultura”? ¡En qué
siglo estamos, por Dios! Pensadores de peso han asegurado: “La conmiseración con los animales está íntimamente unida con la bondad
de carácter, de tal manera que se puede afirmar de seguro, que quien es cruel con
los animales no puede ser buena persona”. Schopenhauer. “La grandeza de una nación y su progreso
moral pueden ser juzgados por la forma en que son tratados sus animales”.
Mahatma Gandhi. Según esto,
¿Qué tan buenas personas somos? ¿Qué tan grande y correcta es nuestra nación?
No creo que sea necesario responder.
Hay muchísimos
argumentos que se utilizan para defender la tauromaquia: Que las personas son
libres de hacer lo que quieran, y de ver
lo que les plazca, y que acabar con la fiesta brava es privarlos de una
libertad. Es decir que, si las personas disfrutaran de ver sacrificar a un
perro o de ver asesinar a su vecino, ¿penalizarlo sería violarle un derecho?
¿Dónde está la diferencia?
“Acabar con la
fiesta taurina sería perder mucho dinero”, ¿entonces las ciudades y países en
los que no hay plazas, ni corridas de toros; se mueren de hambre? ¿Entonces son
países como España y Colombia los más desarrollados por “TODO EL DINERO” que se
recibe por este negocio? ¡A mí se me hace que no! ¿Vale la pena maltratar un
ser indefenso mostrando nuestro terrible afán por hacer daño, sólo por obtener
dinero?
“Si los toros
de lidia no fuesen ‘utilizados’ para las corridas de toros, se extinguirían, lo
cual es más pecaminoso que matarlos.” ¿De dónde sacan eso? ¡Entonces matemos a
todos los animales en peligro de extinción para evitar que mueran por su
cuenta! ¿Qué tontería es esa? Además, al parecer, quienes afirman esto, no se
han tomado el trabajo de leer la historia de estos toros; ¿creen que la
tauromaquia existió desde el principio de los tiempos y que gracias a su casi
“celestial intercesión” tenemos toros vivos actualmente? ¡Por supuesto que no!
Los toros de
lidia eran animales salvajes que vivían en manada y así se sentían seguros.
Eran tan violentos como cualquier animal salvaje, pero no tanto como los hacen
parecer en la plaza, peleaban entre sí, así como pelean los leones para
pretender a una hembra; el toro, es un animal herbívoro, y así, como los
herbívoros, su tendencia es a la huida, pero, ante el maltrato, deben
defenderse. Quienes los reclutaron, los encerraron solos, los alejaron de la
manada y empezaron a enriquecerse a costa de hacerles daño fuimos nosotros los
humanos, entonces ¿Somos sus intercesores, o sus verdugos?
¿Quién dijo
que estaban en igualdad de condiciones que el torero? Un veterinario de la plaza
de Ventas en Madrid, reveló en un artículo que antes de salir al ruedo, al toro
se le suministran hasta 25kg de sulfatos, cuando tan sólo 4
ó 5 kilogramos serían una dosis excesivamente peligrosa. En muchas ocasiones
también son sedados, sus cuernos son mutilados con un doble fin: causarle dolor
y hacerlo perder la referencia de distancias provocando que sus cornadas sean
poco certeras, sus patas son sumergidas en thinner para que no se quede quieto
nunca, a sus ojos se les aplica vaselina para disminuir la poca visión que
tienen y, finalmente, es golpeado y obligado a salir a ser objeto de burla de
los humanos. Lo demás ya se sabe.
“El toreo es
tradición y cultura”, pues en el medio Oriente es tradición, cultura y religión
inmolarse sin importar a cuántas personas se lleven por delante, con el fin de
honrar a Dios, entonces ¿Eso también es justificable?
Por eso,
aunque debo enfrentarme a millones de justificaciones, reclamos, odios, y demás
manifestaciones de desacuerdo por parte de todos los taurófilos, no creo que cambie mi posición, porque
ninguna de las razones que pretenden convencerme de que la tauromaquia es buena
es irrefutable y porque los animales merecen más respeto que nosotros; porque
ellos son seres indefensos que jamás harían algo por simple maldad y porque
jamás nos harían daño a nosotros por simple diversión.
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