¿Cómo ser feliz?

A uno le preguntan cosas, a veces. Algunos porque quieren entablar una conversación, otros porque confían en nuestra infinita sabiduría (¿muy pretenciosa?). Las preguntas son de todo tipo, desde: “¿Qué haces para tener los dientes tan blancos?” (Nada, es como buena suerte… Me cepillo tres veces al día, no tomo mucho café y no fumo); hasta: “¿Por qué sós tan feliz, cómo hacés? (El toque valluno de muchos compañeros).

La receta para la felicidad no existe. Es un absurdo casi del tamaño de la receta para la juventud eterna. Ese tipo de ridiculeces que vienen en “libros” de superación personal y de éxito escritos por autores más famosos que yo (insinúo que soy escritora, pretenciosa otra vez) y que se venden como pan, no son más que un negocio redondo que no genera ningún resultado.

No sería tan patética como para hacer lo que critico, así que no escribiré una receta para la felicidad. Eso no existe, no funciona. La pregunta que me han hecho mis compañeros es qué hago yo.

Pues bien, lo primero que hago es priorizar y entender qué considero que es lo más importante en mi vida: ¿Ser exitosa, ser famosa, ser reconocida, ser rica o ser feliz?

Yo decidí que quería ser feliz y que lo demás me valía lo mismo que una servilleta en cafetería pobre (todos sabemos que el precio va incluido en lo que compramos, nada es gratis, pero en las cafeterías pobres te dan más de 5 por persona, a diferencia de las otras).

Después de tomar esa decisión pensé en las cosas que me hacían feliz (no las cosas que me harían exitosa, famosa, reconocida o rica). Opté por cantar, escribir, actuar, leer, charlar, tocar un instrumento (aunque no lo haga bien), viajar, dormir, amar a todo el mundo, sonreír, ser amable, saludar y despedirme siempre, dar las gracias, no pedir los vueltos, pagar a tiempo, nadar, montar bici, tomar fotos, llorar, sacar a la luz mis problemas, reírme de mí misma, no competir, no tratar de sobresalir, no pasar por encima de la gente.

Para hacer muchas de esas cosas necesitaba tiempo, matarme estudiando no me lo dejaba. Opté por estudiar para aprender, para ser una buena médica al crecer, para entender a mis pacientes, tratar de ayudarlos, ofrecerles lo mejor de mí, investigar a fondo sus problemas, ser amable con ellos y hacerlos sentir amados, y no para ser la mejor de mi promoción ni obtener el promedio más alto comparado con el de los demás, es decir: No matarme. Estudiar pensando en que, al graduarme, haré feliz a la gente y no en que al graduarme obtendré un título Summa Cum Laude y seré la envidia de mis compañeros y el orgullo de mis docentes, me motiva tanto a hacerlo que no me duele sacrificar algunas de las cosas que planeé al principio. Sacar, sin embargo, tiempo para algunas, me permite tener la estabilidad mental suficiente para seguir con esto.


Clave para ser feliz: Haga lo que le gusta.

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