...Y la generación que viene, es más lamentable aun



Me siento un poco vieja cuando pienso así (y tal vez lo sea, estoy a punto de cumplir 19), pero no puedo evitarlo… Finalmente estar o parecer vieja nunca me ha importado mucho. Recuerdo que cuando tenía 9 años (hace mucho, lo sé) vi una revista en una librería y el titular era algo así como: “¿Cómo entender a su hijo de nueve años?” Le dije a mi mamá que la comprara pero no lo hizo, argumentando que necesitaba una que se llamara: “¿Cómo entender a tu hijo de nueve años que piensa como alguien de 30?” y no sabía dónde la vendían. Otro día mi tía me dijo que parecía que tuviera menopausia precoz… Creo que ni siquiera había pasado por la menarquia. Ya me acostumbré, entonces no me duele.

El caso es que, pensar como adulto es muy distinto a vivir como adulto. Yo no quiero llegar a eso, no quiero empezar a sentir como adulto y a que las preocupaciones diarias de la vida me hagan olvidar de ser feliz, de divertirme, de ser simple. Se lo prometí alguna vez a un viejo amigo, y espero cumplirle, lo cual no sería más que CUMPLIRME.

Las adolescentes de hoy en día (es ahí cuando sueno a abuela) tienen un afán desmesurado por crecer. La verdad, no sé si siempre ha sido así y no me he dado cuenta, o es realmente que la velocidad, cada vez mayor, a la que gira la tierra está afectando el comportamiento de estos niños. Hace poco estuve viendo fotografías de cuando estaba en séptimo en el colegio… Mis amigas y yo teníamos una cara de bebés increíble, lo único que nos importaba en esa época era hacer las tareas, no perder los exámenes y planear cómo camuflar las crispetas para que no nos las decomisaran en la entrada del cinema.

Ahora, a las niñas de esa misma edad les preocupa más cómo se ve su cabello, qué tan cerca están sus medidas de las estándar (90, 60, 90), dónde conseguir tacones de talla pequeña, qué modista les va a entubar las sudaderas de educación física del colegio, o cuántos centímetros subirle a las blusas para mostrar su marcado abdomen y su sexy ombligo, qué maquillaje les combina con los ojos y cuáles son las mejores marcas, qué niños están lindos, qué estrategias implementar para que “les caigan” y cuántos “me gusta” les ponen a sus fotos.

No se me haría raro que iniciaran su vida sexual más temprano que de costumbre (y eso que desde hace rato la edad de inicio se va haciendo menor) o que, en el peor de los casos, los hombrecitos, que también están cada vez más afanados, se “aprovechen” de ellas y las dejen “perjudicadas”, como dirían las tías.

Me siento mal conmigo misma y pienso: ¿Qué me importa? La libertad existe y cada época ha tenido sus pros y sus contras. A mí nadie me dijo que mi comportamiento fuera inadecuado cuando yo tenía esa edad y siento que no tengo derecho a criticar a los niños de hoy. Además, siempre he reprochado a los adultos melancólicos y resentidos que argumentan que la época de ellos fue mejor y que las generaciones subsiguientes a ésta son cada vez más inferiores; ahora, aunque lo deteste, he caído un poco en eso, y no porque crea que mi época adolescente haya sido la mejor de la historia, sino porque de verdad me preocupa la actitud de los niños de hoy en día frente a lo que pasa en el mundo.

Porque, una cosa es que empiecen su vida sexual más rápido y se embaracen más jóvenes (lo cual, además de no ser mi problema, no lo considero siquiera un problema… De hecho, defiendo a las niñas que se han atrevido a tener un bebé aun cuando la sociedad lo primero que va a hacer es señalarlas y juzgarlas); pero otra, es que crezcan y hagan parte del gran montón de gente que no le aporta nada al país, porque nunca les importó lo que pasaba en él.

Ser joven es una maravilla. Aunque no haya caído en excesos, nunca haya probado ninguna droga, no haya fumado, no me haya emborrachado, ni me haya tomado más de dos cervezas (lo cual respeto y no juzgo, pero simplemente no me ha interesado experimentar), sí me he divertido “de lo lindo”, de muchas otras maneras (contrario a lo que algunos considerarían, sobre todo después de leer esto). Pero pensar un poquito –sí, un poquito, no requiere mucho esfuerzo—no implica “amargarse la vida”. El problema es que los “niños” de hoy, no entienden de contextos.

Siempre he sido muy burletera, además, me volví experta en burlarme de mí misma (y hartos motivos que me doy), lo cual, además de divertirme, me ayuda a limitar la diversión de los que se alegran con las desgracias ajenas. Pero ahora, esos niños son tan audaces que ya no sé cuándo se burlan y cuándo hablan en serio. En estos días uno me dijo que quería ser como yo (no tenía argumentos, no hay nada que yo haga que pueda hacer que alguien quiera ser como yo). Después de explicarle que, además de no interesarme que alguien quiera parecerse a mí, él debía preocuparse por ser él mismo y no por buscar un modelo; le pregunté si se burlaba (ya uno no sabe) y me dijo que no, todavía no sé si creerle. Le dije, de todos modos, que si lo que le interesaba era ser un niño pensante, diferente a los demás (sin llegar a convertirse en un mamerto asocial que se cree interesante por estar “fuera del montón”) que con mucho gusto yo le ayudaba, que no era tan difícil, que sólo era empezar a leer un poquito más el periódico y ver menos series estúpidas y realities perversos. Que podía seguir disfrutando de la maravillosa etapa en la que estaba, pero se detuviera a pensar de vez en cuando. Porque al planeta le hacían falta jóvenes que se preocuparan por hacer de él un sitio diferente, que bastante jodido ya estaba y que bastante gente inútil ya tenía. No sé si de verdad le importaba, no sé si entendió el mensaje (creo que sí, el hecho de que no quieran pensar no quiere decir que sean brutos), no sé si le interesa “caminar distinto” como diría René; pero nada se pierde con intentarlo. 

Como no debe preocuparme el afán desaforado por crecer de los niños de hoy, voy a tachar ese punto de mi lista de preocupaciones (lista tonta, pues sé que lo mejor es ocuparse en en el momento y no pre-viamente) pero, así como Oliverio Girondo lo único que no le perdonaba a una mujer es que no supiera volar, lo único que yo no le perdono a esos jovencitos de hoy es que no quieran pensar. Porque allá ellos con su vida... Pero es que ELLOS son los que van a gobernar el país, Y EL MUNDO, cuando yo esté vieja... Y no quiero que la historia se repita.

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