No soy lectora



Mi madre me lee desde que estoy en el vientre. Para dormir, cuando estaba bebé, me leía. Aprendí a leer estando muy pequeña aun.

No sé si motivada por “Cien Años de Soledad” (no creo), pero mi madre rotuló todos los elementos de la casa: puertas, armarios, camas, sillas… con la palabra que los nombraba y un dibujo que los representaba al lado, así yo aprendería a leerlos. Dedicó mucho de su tiempo a eso. Y lo logró. Mi mamá siempre ha sido buena lectora.

De pequeña me ufanaba diciendo que en casa mi mamá tenía 4 bibliotecas grandes, todas llenas.

Han pasado dieciocho años y no he leído ni un cuarto de los libros de esas bibliotecas. Creo que no he leído mucho.

No he leído casi ninguno de los libros que todo el mundo se ha leído y cuando me pregunto por qué, creo saber la respuesta: porque todo el mundo se los ha leído.  Es una actitud sumamente inmadura, pero creo que es la única razón que tengo para justificarme. Nunca quise leer “El caballero de la armadura oxidada”, “Relato de un náufrago”, “El Alquimista”, “El túnel”, “La metamorfosis” “Cien años de soledad”, “La insoportable levedad del ser”… Creo que, excepto “El Alquimista”. En la biblioteca de mi mamá están todos, pero ninguno me llamó la atención, y si lo intenté, no pasé de la página número tres. Me parecía ‘jartísimo’ leer lo que todo el mundo se ha leído; los libros de los que todo el mundo hablaba y con los que se vanagloriaban de ser ‘lectores’.

Estaba el otro lado: mi padre. Mi padre tenía otras cosas para ofrecerme (que aunque mi mamá también las leyó en su época, no me las ofreció jamás): Desde “El banquete”, “El príncipe” y “El discurso sobre el método”, pasando por “El mundo de Sofía” (que me parecía muy gordo cuando me lo presentó --como a los diez años-- y que ahora me parece que no voy a tener tiempo para terminarlo nunca, aunque lo quiera), hasta las cosas más locas de “Focault” y miles (me atrevería a decir que miles) de libros más.
No sé por qué rayos me las he dado de exigente. Pocos libros me han cautivado. Creo que es porque me gustan las historias simples (así como la comida y la gente) y pocas me han parecido serlo.

Siento que he leído mucho más que mucha gente, pero si pienso en sus nombres o me hacen la odiosa pregunta “¿Cuántos libros se ha leído?”, no recuerdo casi ninguno y siento que han sido muy pocos. No he leído muchos libros conocidos (Exceptuando “Juventud en éxtasis”, “Volar sobre el pantano”, “La elección”, “La iliada”, “El Mío Cid”, “La celesina”, “Romeo y Julieta”, “La divina comedia”, “El curioso impertinente” y otros, que fueron lectura obligada en el colegio. De la lista, los primeros tres me parecieron un asco  (Detesto la literatura reflexiva, si es que se le puede llamar literatura) y sólo disfruté tres.

¿Qué libros me he leído por mi cuenta y por gusto? Muchos para niños y jóvenes con títulos como “Tintín” “El búho que le tenía miedo a la oscuridad” “El libro de las vacas gordas” entre otros que no pasaban de cien páginas y escritos con letra tamaño 14; “Papita en invierno”, que me pareció perfectamente simple, de Brian Doyle; “Los amigos del hombre”, de Celso Román; “Los papeles de Miguela”, “El nido más bello del mundo”, “La hermana del principito” y “La alegría de querer”, de Jairo Aníbal Niño; “Corazón, diario de un niño”, de Edmundo de Amicis; “Ética para Amador”, de Fernando Savater; toda la saga de “Las crónicas de Narnia”, de C. S. Lewis; toda la saga de “Harry Potter”, de J. K. Rowling; “El principito”, de Antoine de Saint-Exupéry; “Cuentos breves para leer en el bus”, un compendio de cuentos de Kafka, Twain, Dickens, Allan Poe, Christian Andersen y Chéjov; “Todos los cuentos” tomo 2,  de Julio Cortázar y ya. No recuerdo más.

Aunque sé que nunca he pasado un año sin leer nada, también sé que debí (y pude) haber leído más; no sólo porque le hace bien a cualquiera, sino porque lo disfruto mucho, porque me dejo llevar y transportar, porque leer es meterse en un mundo distinto que, si bien es desconocido, es más seguro que el mundo real, porque me obsesiono tanto que no quiero ni comer, ni ir al baño…¿Será que hubiese sido necesario que mis papás me presionaran para leer más y así sería más culta y me avergonzaría menos por sentir que no he leído nada? ¿Dejaría de excusarme en la falta de tiempo por estar estudiando y le sacaría quince minutos diarios a la lectura?

Me gustaría decir que soy lectora y haber hecho un escrito más bien sobre ‘Por qué me gusta “El principito”’ (tengo muchas razones por las cuales me gusta, suficientes para llenar una página), o algo así, pero no, este escrito es más honesto, es acerca de “Por qué no me siento lectora” y la tristeza-vergüenza que me da no serlo, teniendo todas las herramientas a  mi alcance.

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